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Eros y Tánatos. Vida y Muerte.
Fue Empédocles de Agrigento, filosofo griego (siglo V a.C.), quien habló de los dos principio básicos, que luego tomará Freud, AMOR y DISCORDIA, es decir EROS y TANATOS. Eros tiende a unir, Tánatos a deshacer y separar. Esta fantasía cósmica fue trabajada por el creador del Psicoanálisis como una forma de explicar la naturaleza de lo humano.
Eros y sus pulsiones de vida, lo erótico, el mito del amor. Tánatos muerte, final, destrucción. Entre estas dos pulsiones, vida y muerte Eros y Tanatos.
“la esencia más profunda del hombre consiste en impulsos instintivos iguales en todos y tendentes a la satisfacción de ciertas necesidades primitivas. Estos impulsos instintivos no son en sí ni buenos ni malos”
La dualidad, la ambivalencia Eros y Tánatos nos acompaña desde la antigüedad, la oposición de esas dos pulsiones, bien y mal hace que estemos en constante lucha, apostando por Eros, el más débil,el más placentero, el que aporta sensaciones y superación, evitando los brazos de Tánatos, la destrucción y muerte
El odio y la destructividad dependen de la pulsión de muerte y de que ésta es inseparable de la pulsión de vida. La cultura se construye, en lo esencial, a expensas de la pulsión de vida. Por consiguiente, se rompen las ligazones que permiten un cierto control de la agresividad, ya que la pulsión de muerte es mucho menos dócil que Eros. Así, Tánatos tiene dos caminos: o la autodestrucción del individuo o de la comunidad, o la exteriorización como pulsión de destrucción dirigida hacia el exterior.
"La verdad oculta tras estas dos pulsiones, tras Eros y Tanatos, que negaríamos de buen grado, es la de que el hombre no es solo una criatura tierna y necesitada de amor, que sólo osaría defenderse si se le atacara, sino, por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones instintivas también debe incluirse una buena porción de agresividad. Por consiguiente, el prójimo no le representa únicamente un posible colaborador y objeto sexual, sino también un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad de trabajo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento, para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para ocasionarle sufrimientos, martirizarlo y matarlo."
Eros, Tanatos, Amor, Sexo, Muerte
Dos polos aparentemente antitéticos, la muerte y la sexualidad, Eros y Tánatos en realidad se interpenetran. Los poetas antiguos, que dos mil años de cristianismo han hecho olvidar, sostenían que los dioses habían ocultado a los hombres la felicidad suprema de la vida: la felicidad de la muerte. Pero lo que se oculta no queda del todo oculto. A veces la locura de los sentidos ha señalado el camino, otras veces lo hace el sentido común, que rechaza la idea de muerte; pero el amor loco a veces la acepta y otras la reclama.
"En muchas culturas se usa "la pequeña muerte" para refrirse al orgasmo. ¿Qué mujer no ha dicho alguna vez a su amante: querría morir en tus brazos; qué varón enamorado no sugirió alguna vez : haz de mí lo que quieras? Víctimas ejemplares que se abandonan con gozo a la perdición, a ese misterio atroz y fascinante por el cual los cuerpos someten al ser, lo embriagan, lo destruyen. La voluntad de poseer por entero al objeto amoroso, la obsesión de matar a su macho, como lo hace la mantis religiosa, aparece como una fantasía habitual en muchas mujeres, ejemplificado también en la figura de la viuda negra. Tal vez nada pueda halagar al varón como este deseo, aunque también pueda hacerlo huir de ese ser que le recuerda a su madre, quien le ha dado la vida pero, en ese mismo instante, lo ha constituido en un ser para la muerte; y es posible que, en el encuentro sexual, sintamos renacer el horror que en los mitos antiguos dejaron las religiones femeninas - Kali, Astarté, Ishtar- donde la muerte y el amor pertenecían a la égida del poder de las mujeres. Al ser padres le damos a nuestros hijos la alegría de la vida pero también los condenamos al supremo dolor -al menos tal cual concebimos nosotros a la muerte como lo Indeseable-; y tal vez nos condenamos nosotros: bien decía Hegel que el nacimiento de los hijos es la muerte de los padres (aunque esto puede tener diversas lecturas). Quizás la eyaculación sea un anticipo del fin: afirma la especie contra el individuo, en ese embrión se abre el ciclo que culmina con la muerte. Simone de Beauvoir nos dice que la madre destina al hijo a morir porque sólo se hace deshaciendo.
La sangre, la virginidad, el erotismo y la muerte han inspirado a muchísimos autores, genios y artistas, generado multitud de obras y películas, obras o escenas de muerte,luchas vitales, mutilaciones, rituales y asesinatos, pasiones y muerte, relaciones incestuosas, tal es nuestra fijación con Eros y Tanatos. "La muerte muestra la fragilidad misma del ser humano, siendo indisociable de la sexualidad " "La sexualidad , para la Antigüedad era, a través de la procreación, un remedio frente a la muerte, gracias al mantenimiento de la continuidad de una familia, de un linaje." "no hay mejor medio de familiarizarse con la muerte que aliarla a una idea libertina"
Para amar con pasión habría que matar, morir o configurar esa muerte en un sentido aunque más no fuera simbólico y ritual. Para Bataille la sexualidad y la muerte no serían más que momentos agudos de una fiesta que la naturaleza celebra y ambas tienen el sentido del despilfarro ilimitado en contra del deseo de durar que es lo propio de cada ser y afirma que el sentido último del erotismo es la muerte.
Eros y Tánatos caminando juntos hasta en las prohibiciones "no mataras" "no fornicaras, no desearas a la mujer del prójimo, no derramarás la simiente"
Desde el origen de los tiempos, la vida ha buscado el equilibro entre los extremos. El bien y el mal que anidan en el ser humano tienden, cada uno por su lado, a desequilibrar las pulsiones y a ofrecer la cara alegre o amarga de la existencia. Los filósofos griegos lo resumieron en el mito de Eros y Tánatos, recogido más tarde por Freud y los psicoanalistas para acabar siendo sinónimo de la Vida y la Muerte, el Amor y el Odio.
La experiencia de Tánatos nos afirma como seres mortales, al tiempo que la pasión nos deja tocar lo imposible, lo duradero, lo infinito. Eros nos lleva al límite: "amar hasta la muerte".
Tánatos también muestra su forma agresiva bajo otra máscara. En todo acto sexual existe un componente de violencia, a pesar de que finalmente conduzca al relajamiento; es una ambivalencia agresiva y erótica.
En la relación sexual existe siempre un cierto grado de agresión, en el roce de la piel, en los besos intensos, las pequeñas mordidas, todo aquello para excitarse y seducirse; todo esto va acompañado de caricias y palabras tiernas. Es precisamente la ambivalencia agresiva y erótica la que conduce al estallido final (el orgasmo o pequeña muerte). Se trata de una lucha entre Eros y Tánatos.
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